Elena nuestra nutricionista comparte sus impresiones sobre uno de los efectos que tiene la cultura de la dieta en sus pacientes.

A dieta desde la adolescencia

Últimamente me encuentro en consulta a mujeres con una relación muy dañada con su alimentación. Me cuentan que desde su adolescencia han estado a dieta. Sus madres les llevaron a endocrinos que les sacaron una dieta de 1500 calorías de un cajón y se pasaron su adolescencia comiendo pechuga de pollo a la plancha y lechuga.

Si era invierno puré, si era verano, ensalada o gazpacho, salmorejo no que tiene mucho pan y mucho aceite. ¿Pan? Qué dices estás loca, 5 cm de tostada en el desayuno con 5 gotas de aceite de oliva y voy que chuto.

Una mirada crítica enfocada en sus cuerpos que crecía según ojeaban las revistas de moda (Lo que hoy serían las redes sociales) y veían como su cuerpo no encajaba en las tallas de Inditex.

Ya en sus casas, en las que son dueñas de las decisiones que se toman en sus cocinas, esa mirada sobre los alimentos les ha dejado poso y pensar en comerse más de una cucharada de un aguacate les supone hiperventilar. Imaginan una bola de grasa pegada a sus caderas. Ojean cuentas de recetas y salivan muriéndose de hambre mientras se comen una torta de arroz.

Consecuencias de esa vida de dietas

Esa sensación de haber pasado media vida sintiendo hambre y no satisfaciendo esa necesidad. El pensamiento “loco” y recurrente de comerse un croissant y no llegar a comerlo nunca pero no parar de desearlo.

Disfrutar viendo a sus parejas y amigas disfrutar de un plato de pasta, mirar hacia su plato, encontrar lo de siempre, pescado blanco y verduras al horno o al vapor y sentir que su vida es una mierda.

Toda una vida pensando que respiras y engordas, toda una vida con tu madre que te da un beso mientras te hace un scanner visual para ver si has engordado 100 gramos más, toda la vida queriendo meterte la maldita talla 38, …

Te encuentras que a los 40 ya no disfrutas de la comida, que es un mero trámite, que odias cocinar, que te da ansiedad ir al supermercado, que es un horror ir a comer fuera y que te gustaría ahorrarte el momento de la comida

Yo solo puedo entenderte, todas podemos entenderte y sentir que de una manera u otra hemos vivido algo similar

Las razones por las que ahora odias todo lo relacionado con el comer están en estas líneas de arriba, en tu historia vital. Te han robado las ganas de disfrutar de la comida.

Se puede cambiar

Se puede trabajar, se puede cambiar, lo primero es darse cuenta de ello. Desmontar todos esos engranajes mentales que te han llevado a este punto lleva su tiempo, pero construir unos nuevos en los que reaprender, comenzar a disfrutar, saber que lo que te llevas a la boca significa muchas cosas, … es un camino precioso.

La cultura de la dieta ha hecho y sigue haciendo mucho daño a millones de personas, más en concreto a mujeres, está probado que toda una vida a dieta aumenta el riesgo de sufrir trastornos de la conducta alimentaria o TCA.

Apostamos por una relación sana con la alimentación y estamos encantadas de acompañarte en este camino. Si te has visto reflejada, quizás te sería de ayuda el acompañamiento de una psicóloga con perspectiva de género y con una visión humanista de los TCA y una nutricionista especialista en TCA pero que también trabaje con perspectiva de género.

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