Este es el relato del parto de Amina, escrito y sentido en primera persona.

«Muy a menudo asociamos con el término «parto natural» en primer lugar un parto sin epidural, sin oxitocina sintética, sin episiotomía, con un mínimo de intervención médico y un máximo de libertad de decisión.

Todos estos aspectos los deseaba para mi segundo parto, sobre todo después de la experiencia del parto de mi primer hijo – un parto que ha cumplido el protocolo convencional de un hospital público en Madrid y que a mi me ha dejado un resabio amargo de la violencia obstétrica. Por lo tanto optaba en mi segundo embarazo por otra preparación al parto, un cambio de hospital y por llevar mi propio plan de parto. Gracias a esto podía conseguir un parto más respetado en muchos sentidos. No obstante me faltaba algo… y este algo descubrí en el parto de mi tercer hijo.

Tras la experiencia de un aborto y el miedo a no poder quedarme embarazada de nuevo encontré a Gaia. Ya en la primera consulta mi intuición me decía que estaba en el camino correcto. Poco después me quedé embarazada. Gaia me acompañó durante todos estos meses con una gran profesionalidad y empatía, siempre disponible a solucionar cualquier preocupación.

Todas las puertas abiertas

Desde el principio del embarazo tenía claro que me quería dejar todas las puertas abiertas respecto a la epidural y las intervenciones médico porque una cosa que había aprendido en los partos anteriores era que aunque tengamos las ideas muy claras luego puede cambiar todo y lo importante es la calma interior.

Cuando llegó el gran día del parto recibí la oportunidad de enfrentarme con las dos partes más difíciles de mis partos anteriores – la dilatación muy larga del primero y el expulsivo lento del segundo. De hecho me acordaba de las palabras de la fisioterapeuta Tania en la preparación al parto que nos decía que el tercer parto muchas veces es una mezcla entre el primero y el segundo.

Conmigo acertó, no sólo respecto a la duración sino también cómo desarrolló. Pero gracias a las técnicas diferentes que nos enseñó era capaz de llevar muy bien la fase de la dilatación lenta y rápida durante una noche en el hospital y un largo día en mi casa, a oscuras probando diferentes posturas, respiraciones y masajes con la ayuda de mi marido para llevar lo mejor posible las olas de las contracciones cada vez más fuertes y dolorosas.

Cuando «hizo click», tal y como me predijo la matrona Toñi y ya no podía aguantar más el dolor, llamé a Alberta que llevaba el parto. Quedamos en la Milagrosa y parecía cómo si mi hijo quisiera nacer ya en el ascensor pero aún debería durar un par de horas más.

La dilatación era completa, yo en un tsunami de dolores dudando si podía realizarlo sin epidural. Tanto Alberta como Toñi me motivaron mucho a seguir de manera natural y mi marido apoyándome en todas las decisiones. Toñi me ayudó a encontrar mi postura de parto para esta última fase y la mejor técnica de respirar y aguantar el dolor.

No podía estar mejor acompañada

Alberta, todo el rato a mi lado, controlando el bebé y animándome en todo. Mi marido todo el tiempo conmigo. No podía estar mejor acompañada. Poco a poco bajaba mi hijo. Con los últimos pujos agotadores y gritos liberadores salió la bolsa y a continuación mi hijo, sano y precioso. Fue maravilloso!

Al final era un parto natural – sin epidural, sin oxitocina sintética, sin episiotomía, con intervención médico mínima y una libertad de decisión máxima. Pero lo que para mi lo convirtió realmente en el parto que deseaba tanto era la gran empatía de mi ginecóloga y matrona, su atención personalizada, su trato respetuoso, humano y cariñoso, la forma de integrarme en todas las decisiones, el modo de integrar a mi marido al 100% y darle mucha importancia, la manera de transmitirme en momentos duros que tengo la fuerza necesaria para conseguirlo, la posibilidad de parir a mi ritmo y de poder ser yo misma.

Finalmente recibí la oportunidad de sanar las heridas de mis partos anteriores y sentir una gran fuerza interior. Estoy plenamente agradecida!»