Me siento gorda.

Soy mujer, psicóloga, a veces novia de alguien, madre de nadie, hija de una mujer gorda, amiga de algunas mujeres gordas, y yo, para qué engañarnos, pues también me siento gorda, aunque sé que no lo estoy.
Gozo de buena salud y tengo un cuerpo estupendo, fuerte, sano y lleno de vivencias. También bastante normativo aunque tengo el privilegio del ya típico halago: “Fulanita es de esas mujeres listas y valientes, un poco como tú, guapa y grande”. Yo: “¡¿GRANDE?!”
He crecido viendo a una madre ingeniosa, autoritaria, arquitecta frustrada y gorda. Esto último ha supuesto mucho, me atrevería a decir que ha supuesto la mayoría. Por supuesto el: “Hija, no comas esto, ¿o quieres terminar como yo?”. Y terminar como ella era terminar en días de llanto desconsolado porque había salido de compras y NO, o porque tenía que ir a una cena de amigos y amigas y que no se veía, o que este verano playa la justa y con poca gente, y que mejor en casa que se está más fresquito (aclaración: somos galleguísimas, tierra famosa por el albariño, el pulpo y veranos pasados por agua).

La guerra contra la obesidad

Nina Navajas Pertegás argumenta que, pese a que la denominada guerra contra la obesidad opera en nombre de la salud, realmente provoca lo contrario: «Se renuncia al bienestar físico y psicológico para alcanzar la delgadez idealizada». Esto no pasa por la vida de las mujeres de puntillas. Cuando se tiene un cuerpo gordo, lo que haces, tu profesión, como eres, son flecos de tu identidad. Lo único que te acaba definiendo es tu gordura.

La historia de una amiga gorda y feminista

Hace unos años, una amiga con estilazo, con una melena alucinante, guapa, lista, divertidísima, gorda y feminista entre otras virtudes, en la más pura intimidad me confesó que había empezado a plantearse la liposucción: “Es que no puedo más, como haga otra dieta me da algo, paso hambre, ansiedad y, joder, ya me cuido, hago mi pilates, voy a la piscina y mi alimentación es sana. Sé que cuando salimos a veces nos pasamos con las cervezas, pero este cuerpo, no es justo. Tú ni siquiera haces deporte y yo llevo toda la vida con dietas prohibitivas que me están pasando factura física y mentalmente”. El cuerpo de mi amiga mide 1´80 y calza un 43, así que lleva toda la vida a rajatabla.
Ha nacido con dimensiones fuera de lo socialmente establecido (es decir, con un cuerpo sano y normal alejado de la delgadez extrema) y lo que ha percibido siempre es que esos tamaños son un problema. Para la sociedad, no gustas, para la medicina, estás enferma (¿Te duele un pie? Adelgazada ¿Te duele un brazo? Adelgaza ¿Autoestima baja? Adelgaza), pero claro, son su problema como patología social, los síntomas se los come la salud mental de cada una de las personas víctimas de estas violencias invisibles.
Laura Contrera afirma que: «Salud es más que la operación matemática entre mi peso y mi altura. También es vivir sin opresiones»

La violencia estética contra las mujeres gordas

Las clínicas de adelgazamiento como consecuencia de la violencia estética
Así que allí nos fuimos, a explorar el mundo de las clínicas de liposucciones. No caminamos mucho, casi todas estaban en el barrio de Salamanca. Os resumo las visitas: un horror. Estábamos fuera de órbita pero entre toda esa locura hubo un señor cirujano que nos contó que odia estar gordo y que de lunes a viernes solo se alimenta a base de té. También le dijo a mi amiga lo guapísima que era y el cuerpo tan estupendo que tenía pero que claro, pudiendo reducirlo, mejor. Nos pareció simpático. Sin duda, era el elegido.

Solución para las personas gordas: la liposucción

Después de un año, mi amiga tenía 10.000 euros menos y los mismos kilos de antes de la liposucción. Ahora sabemos que esto es bastante común, pero en ese momento supuso un golpe muy duro para su salud mental. Desesperada, avergonzada y muy triste, se encierra en sí misma, no cuenta nada y sale cada vez menos.
Por supuesto, la vergüenza y la culpa por seguir estando gorda supuso que no se plantease mover ninguna acción legal (¡Ah!, otro detalle, ella es abogada), garantía para que este negocio siga funcionando y que la autoestima de las mujeres siga manteniéndose en el lugar justo para no pasarnos de la raya.

¿Gordas y libres o delgadas y obedientes?

Naomi Wolf en El mito de la Belleza: “Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres, está obsesionada con la obediencia de éstas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil. “

Otro tratamiento contra la gordura

Así que empieza una andadura desesperada por la seguridad social, convencida de que esto no puede ser verdad, que su cuerpo engorde y engorde sin control tiene que estar asociado a alguna enfermedad y que, por favor, le hagan pruebas, del tipo que sea, pero necesita un diagnóstico y no seguir sintiendo el peso de la culpa y el señalamiento en su espalda.
Hubo un poco de todo, médicos bien, médicas mal. Siempre derivaciones a la nutricionista de siempre a hacer la dieta hipocalórica imposible de siempre. Y también siempre, llanto a la salida de cada consulta. Ningún diagnóstico, solo que adelgace un poco, sana como un roble.
Este verano, como todos, le hemos dedicado horas en la playa a los típicos objetivos para este curso. Mi amiga en perpetua búsqueda de la delgadez para ser feliz se decide por un nuevo tratamiento, el tratamiento elegido: “Mira, este tiene buena pinta porque parece sano, no la típica fórmula milagro. Es un tratamiento de un año entero, incluye nutri, masajes, ejercicio…” En definitiva, todo lo que has escuchado que es bueno en un bonito pack por el módico precio de 5.000 euros anuales. Por supuesto, la apoyé 100% porque somos muy de apoyarnos y no juzgarnos.

Otra solución para las mujeres gordas: la reducción del estómago

Por algún motivo, llamadme loca, pero sospecho que puede ser económico, en este nuevo lugar de adelgazamiento “sano” (Barrio de Salamanca, ¡allí estamos de nuevo!), pasan del tratamiento y le explican directamente las bondades de la reducción de estómago y mi amiga sale de allí traca la matraca con esta idea. Aquí ya estamos tensas, y empezamos a leer sobre el impacto tan terrible que esto supone para el cuerpo y la cabeza: que te grapan el estómago, que la mayoría entran en depresión a los pocos meses, que hay casos que han tenido que revertir la operación por los ataques de ansiedad. Le digo que hay gente que quizá no tenga otra alternativa, pero que ella está sanísima, que nos hacemos unas rutas de montaña tan pichis, que se mueve ligera, que es guapa, listísima y blablablá. Ni caso. Su peso no le deja ver más allá.

Emilia Pardo Bazán era una mujer gorda

Unos días después, paseando por la exposición de Emilia Pardo Bazán en la Biblioteca Nacional, lee una carta que Pardo Bazán escribió a su amante, Benito Pérez Galdós, en la que decía: “¿Quieres que te diga la verdad? Siempre me he reprimido algo contigo por miedo a causarte daño físico […] Pánfilo de mi corazón: yo rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo”. Viva Emilia y vivan los referentes sin pretensiones. Los que llevan ahí toda la vida, pero que hay que darles un lugar y hacerlos visibles. Al salir de la exposición mi amiga me dice: “a la mierda la reducción, ¿una cerve?”.

Gordofobia

La gordofobia es uno de los síntomas de la violencia estética. Este tipo de violencia machista es la manera en que la dictadura de la belleza permanece presente en la psique de las mujeres y cómo ello afecta directamente a su salud. En el caso de los varones opera de manera diferente ya que el patriarcado no los valora por sus kilos. En el caso de las mujeres, la opresión ahoga.
Ser gorda no siempre implica un problema de salud y no siempre está asociado a una vida irresponsable. Una sociedad gordofóbica es una sociedad enferma.
Brays Efe, en su discurso en los premios Feroz en pro de la diversidad: «Con el tiempo que tardáis en engordar a Antonio de la Torre y a Mario Casas, tendríais a 30 actores gordos perfectos para ese papel». Que no contraten actrices y actores gordos o solo lo hagan para papeles estereotipados, es GORDOFOBIA. Que en programas de humor el aspecto de los varones sea cualquiera y el de las mujeres siga siendo estereotipado y delgado, es GORDOFOBIA.
La verdad es que la vida de mi amiga y la mía siguen siendo más o menos la misma, yo me he despedido de algunos proyectos, y ella sigue intentando conseguir tener un cuerpo más pequeño, pero ha decidido buscar a profesionales con una visión humanista del cuerpo de las mujeres, que no los instrumentalicen ni los reduzcan: una nutricionista feminista, una endocrina especializada en la salud de las mujeres, una fisio para descargar tanto peso emocional como soporta, una psicóloga para apoyarla en la dura tarea de la aceptación y el pilates que está cerca de su casa que es más carete, pero con máquinas. La piscina sin dejarla y las cervezas, tampoco. Adriana F. Caamaño

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