Entrevista a Alberta nuestra obstetra por parte de María, nuestra fisio de suelo pélvico, sobre violencia obstétrica

Maria: preséntate..

Alberta: Soy ginecóloga obstetra y madre de 3 hijos/as. Haber estado al otro lado me ha abierto los ojos sobre cómo podían y deberían ser los partos. Hace 10 años una enfermera me aconsejó un libro para prepararme para mi primer parto y embarazada de Francesco Paolo leía el «Manual del Parto Activo» de Janet Balaskas, discípula de Michel Odent: el que decía que “Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer.“

La residencia y la normalización de la violencia obstétrica

Alberta: Hice la residencia en Padua, normalizábamos la episiotomía, el miedo, el ningunear a las pacientes, infantilizarlas, el Hamilton a todas sin consentimiento y un porcentaje de cesáreas de más del 50%.

María: ¿Qué es la Violencia Obstétrica? ¿Por qué es necesario nombrar estos actos?

Alberta: La violencia obstétrica es la realización de prácticas en el embarazo, parto y postparto que son percibidas como violentas por las mujeres.

Creo que llamarla Violencia Obstétrica es una provocación de alguna manera, pero necesaria. La violencia es parte del ser humano y a veces no nos damos cuenta de que estamos ejerciéndola desde el poder que tenemos cómo médicos/as, sanitarios/as, algunas cosas que hacemos o hemos hecho son graves, otras parecen solo matices, pero las mujeres las recuerdan.

Infantilizar, ningunear, tratarlas cómo si no entendieran dejan huellas en un momento tan importante cómo es el de volverse madres.

Parir es empoderarse

María: ¿Has vivido experiencias de VO como ginecóloga?

Alberta: Cómo decía, me he formado en un paritorio super medicalizado, dónde sometíamos más de un 50% de las mujeres a cesárea, y todas las primíparas a episiotomía, Kristeller frecuentes, muy pocas al pedir la epidural la recibían.

En África he visto pegar a las que perdían el control, pero también en Padua, he visto paritorios cómo UCIs, con mujeres llenas de miedo e inseguridad. Las mujeres se van con heridas físicas y psíquicas.

En cada parto que acompaño pienso a la frase de Ina May Gaskin: “si una mujer pariendo no se parece a una Diosa alguien la está maltratando», me sirve de guía para no perder nunca las buenas prácticas, la humanidad y la empatía.

Muy frecuentemente veo a puérperas con desgarros en el cuerpo y en el alma. Me acuerdo una madre después de un intento de parto con forceps con episiotomía y una cesárea que me decía que no entendía cómo había podido ser tan sometida. Que ese no era su carácter. Pero que el terror le había bloqueado no podía de decir nada.

Otras mamás me cuentan que se han sentido como si las hubiesen violado en su propio parto, pero con una sonrisa.

Una amiga  me manda a todas sus conocidas para sanar su herida, llora cuando piensa en su parto, ha transformado, como las madres de la asociación El parto es nuestro, su trauma, en la fuerza para que otras no pasen por lo mismo.

Una amiga médica que quería probar un parto post cesárea me preguntaba porque maltratábamos tanto a las pacientes, que ellas nunca los harían.

«Eres una campeona»

María: ¿Por qué se ejerce violencia obstétrica más que en otras especialidades?

Alberta: Creo que el problema es que nuestras pacientes son mujeres. Que el maltrato hacia el género femenino es algo muy difuso y radicado en la cultura heteropatriarcal en que vivimos.

A veces una matrona, una médica con un gesto puede hacer la diferencia. Es lo que he visto acompañando partos con Cumaqua y me han contado que pasa en el paritorio de Torrejón, la revolución en la Tierra. Es lo que me contaba una amiga que ha parido en Paris. Mientras tenía una hemorragia postparto, la matrona le decía que la mirara a los ojos, que no perdiera el contacto humano con ella, para que no se sintiera sola y el trauma de una hemorragia postparto no llegara a estropearle la vivencia de ver nacer a su hija.

Las pacientes me han enseñado a no utilizar palabras que las infantilizan como “eres una campeona”, si no a validar sus emociones y entenderlas, con empatía.

Todo se puede vivir entendiendo su necesidad

María: ¿Y como madre has pasado por violencia obstétrica?

Alberta: Lo pasé en mi piel, tuve dos inducciones para tener un equipo respetuoso, por miedo a los demás compañeros, sentí soledad cuando pidieron a mi pareja que se fuera y salí del paritorio con él, pasé por exploraciones frecuentes y dolorosas, dilatación manual, grité en mi segundo parto porque me obligaron a ponerme en posición litotímica.

El parto de por sí puede ser violento, brutal, horrible, desgarrador, pero acompañado y respetado deja otro sabor en la boca. Una se siente empoderada, cuidada, entiende los actos médicos, aunque sea decepcionante y acabe con un parto operativo, una episiotomía, una cesárea, un histerectomía. Todo se puede vivir entendiendo su necesidad. Confiando en que se ha hecho lo mejor. Pero sólo si nombramos que a veces no se ha hecho lo correcto.

La Organización Médica Colegial rechaza el término «violencia obstétrica»

María: Hace poco hubo una comunicación de la Organización Médica Colegial rechazando el concepto de VO.

En ella la OMC comenta: “El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) aclara que este concepto no se ajusta a la realidad de la asistencia al embarazo, parto y posparto en nuestro país y criminaliza las actuaciones de profesionales que trabajan bajo los principios del rigor científico y la ética médica.» ¿Cómo puede haber esta separación de la realidad asistencial en la OMC?

Alberta: El otro día en un congreso del Puerta del Hierro una ginecóloga que me encantó habló de ello, me sorprendió.

Decía que tenemos que hacernos cargo de como nos han formado y de como hemos trabajado. Que no se puede negar una demanda social. El feminismo ha entrado en las cabezas de las personas y cuando te pones las gafas moradas y ves las prácticas que se realizan a través de ellas entiendes que hay que cambiar las cosas.

Muchos sanitarios/as tienen miedo al conflicto con las pacientes. Ella nombraba y agradecía a «El Parto es Nuestro» que registra y cuenta desde hace años lo que pasa realmente en los paritorios. En los buenos y los malos. Y ha salvado a muchas mujeres de sufrir violencia obstétrica.

María: ¿Qué hace falta para cambiar este panorama?

Alberta: Educación, formación, escucha, que las matronas, las/los auxiliares, los/as ginecólogos/as aprendamos a comunicar, entender, explicar, confiar en una relación médico/a paciente profunda, transparente, de confianza.

Quitarnos el miedo y realizar buenas prácticas

María: ¿Qué medidas podemos tomar los/as profesionales de la salud para eliminar estas situaciones?

Alberta: Revisar los casos, hablar con los equipos, hacer rotaciones en hospitales dónde se hayan implementado políticas para garantizar un parto respetado y no violento a todas.

Quitarnos el miedo y realizar buenas prácticas.

Muchas veces en la obstetricia NO HACER, OBSTARE da miedo. Parece que no actuando no tenemos poder y no somos resolutivas. Hay que confiar. Las mujeres paren, y saben parir, necesitan acompañamiento y ayuda SOLO en los casos en que los partos no van como debería.

María: ¿Qué medidas pueden tomar las mujeres y sus familias?

Informarse a través de asociaciones como El parto es nuestro, acudir a sus reuniones, hablar con otras personas que hayan parido en los hospitales cercanos para poder elegir, escribir su proprio plan de parto que es un derecho de cada una y hablar de ello con el equipo que nos va a atender antes del parto, para elegir informadas.

Luchar juntas para que ninguna mujer no informada tenga que pasar por experiencias violentas. Me da mucha rabia que siga pasando y se niegue su existencia. Por ello hemos inaugurado una unidad multidisciplinar de buenos tratos, para construir juntas una manera diferente de acompañar, cuidar, tratar a las pacientes y sanar sus heridas.