Dependencia y autonomía emocional

En este post, Marta nos cuenta qué vive nuestro cuerpo en todo este proceso de sentirnos plenas con nosotras mismas y nos ayuda a comprender la dependencia y autonomía emocional.

La dependencia es un proceso natural como personas, animales, seres vivos. Necesitamos unas personas de otras para existir, crear, construir, vivir. No obstante, hay momentos y procesos donde nuestro cuerpo se acostumbra a cohabitar y cocrear con otros cuerpos de una manera poco equilibrada, poco justa, poco respetuosa. El cuerpo en estos procesos se vuelve un organismo que se siente insuficiente, adicto a otros cuerpos y donde necesita “gasolina” externa para funcionar.  ¿Reconocéis haber vivido procesos así en algún momento?

El cuerpo conformado como dependiente

Nadie nos ha enseñado a relacionarnos. Aprendemos a ello en base a las experiencias y aprendizajes durante la vida. Muchas veces y casi siempre aprendemos a base de ensayo y error. En nosotras es común el haber formado parte de contextos en etapas importantes de nuestra vida donde hemos recibido mensajes o mandatos del tipo “por ti misma no puedes hacer las cosas” o bien “no tienes derecho a Ser por ti misma”. Estos mensajes no son explícitos casi
nunca, sino que van ligados a vínculos o simbiosis donde se nos premia cuando somos ayudantes, facilitadoras, acompañantes de otros “alguienes” que llevan la voz cantante, que colorean el folio entero. En este tipo de vínculos es donde nosotras aprendemos a disfrutar de sujetar el folio o de facilitar que esos otros alguienes accedan a sus pinturas y elecciones de matiz. Aprendemos a sujetar el lienzo y poco a poco olvidamos que nosotras somos poseedoras de un folio en blanco que también nos pertenece y que podemos elegir cómo pintar y diseñar.
Esos mensajes y mandatos van calando nuestro cuerpo como una lluvia fina que finalmente cala hasta nuestros huesos y acabamos viviéndonos o reconociéndonos como ese molde que gota
tras gota se ha ido conformando.

La propia vivencia

Todo este lenguaje es muy metafórico, pero es usado para describir el proceso de dependencia
emocional. Es un término nombrado en multitud de foros, libros y artículos. La vivencia del
cuerpo en este proceso es que no se alimenta a sí mismo, que necesita una fuente externa para
funcionar. El cuerpo se acostumbra a regularse frente a otra persona, que dice/hace/propone; o junto a un otro que ocupa tanto espacio que no deja espacio para que nosotras seamos. Así, vivimos
multitud de momentos donde no se nos da la oportunidad de elegir o donde se nos aconseja
como si no tuviéramos capacidad de tener un criterio propio. Nuestra capacidad intuitiva y libre
intenta ser moldeada por un contexto que nos preconcibe como incapaces, poco hábiles en la
autonomía o como tan útiles para servir a las otras, que nos acaba encapsulado en ese rol de
acompañantes o facilitadoras de procesos externos.

“No eres hábil”, “Déjame a mí”, “Yo pienso que deberías… “, “tú calla y escucha.. ”, gota a gota,
y la lluvia va calando…

Ante esto, el cuerpo alberga grandes núcleos de miedo y asunción de que solas no podemos funcionar, o de que siempre necesitamos a alguien más sabio/fuerte/valiente que recubra
nuestra experiencia y la complete, ya que nosotras “no sabemos” llevar nuestros objetivos hasta
el fin. Otra opción es que nos configuremos como cuerpos cuya existencia está destinada a reparar cuerpos necesitados, por lo que nuestras necesidades propias pasan a difuminarse para priorizar las de la otra persona.

¿Qué consecuencias tienen estos procesos en la vivencia de nosotras mismas?

  • Experiencia de vacío: como no me han dejado sentir mi propio criterio, cuando miro
    hacia dentro siento la falta de contenido, la falta de narrativa propia, la falta de sentir
    experienciado. Este dolor del vacío a veces es tan potente que alimenta la espiral de la
    dependencia. Vuelvo al afuera para que me rellenen el contenido, y así alivio el vacío y la
    sensación de impotencia/incapacidad.
  • Sensación de miedo hacia las acciones o proyectos propios: el cuerpo asume que sólo
    no puede funcionar, que necesita que le sea marcada la pauta, le valide la decisión
    tomada, le autorice el paso a dar, le asegure la seguridad de manera externa.
  • Ausencia de criterio propio: “No puedo decidir”, “no sé qué hacer”, “no sé cuáles son
    mis preferencias”…
  • Inhibición de la rabia: como lo más importante es asegurar la conexión con ese alguien, dejo
    de manifestar el desacuerdo, la disconformidad y la rabia que pueden generar ciertas
    acciones y actitudes que puede tener conmigo. Me aseguro de que la sensación
    de conexión permanece, porque es lo que alimenta la “gasolina” que me permite seguir
    funcionando.
  • Abandono o reducción de la frecuencia de presencia en el resto de contextos donde esa otra persona no está presente: como no puedo funcionar sin alguien, no acudo o realizo tareas ni
    proyectos sin otras personas.

 

Parece injusto sentirse insuficiente siendo quien eres. Suena doloroso el vacío que habita a ratos en ti a consecuencia de que no te dejaron ser en su día. El cuerpo tiene una gran potencialidad al avisar de sus dolores, de su necesidad de ser, de existir en sí mismo.

Resulta difícil abrirse camino a la seguridad personal cuando hay tantos procesos y contextos que nos repiten que no podemos o que lo haríamos mejor si hiciéramos caso a no se quién, o que sería mejor si te dedicaras a cuidar de no sé cuál, en vez de pensar en ti misma y tu bienestar.

¡Qué ganas de autonomía personal! ¡Qué bien suena, cuánto lo escuchamos y qué difícil nos resulta a veces alcanzarla!

¿Cómo puede nuestro cuerpo alcanzar la autonomía emocional?

Nuestro cuerpo está diseñado y preparado para sentir. Para estar conectado con el ambiente y
notar lo que éste le genera y le implica. A lo mejor ha sido educado en un contexto poco validante, donde lo que sentía o quería importaba poco, y donde lo que era valorado era cumplir con lo establecido. El cuerpo es un organismo impresionante que nos avisa de cómo influye lo que sucede en el exterior en lo que tú sientes y puedes querer.

¿En qué consiste la autonomía emocional?

La autonomía emocional se trata de un proceso de recuperación y puesta en práctica de la propia agencia para confiar en la intuición y en la confianza personal hacia las necesidades y los objetivos propios. Es difícil alcanzar la autonomía a base de propósitos u objetivos impuestos por la cabeza o el “tengo que”. Redespertar el sentir propio, la validación de lo que sientes y quieres puede ser un camino interesante para ir reconociéndote y reconfiando en lo que tu cuerpo siente y necesita.

A veces da miedo pararse a mirar dentro, hay tanto acumulado y tanto dolor que aprieta fuerte, que huimos de este momento porque en un primer instante puede resultar desagradable. La experiencia de ser acompañada en un entorno validante puede ser un puente hacia esa autonomía emocional que tanto nos proponemos y que a veces, con validación y escucha, externa e interna, podemos conseguir

¿Qué puede facilitarnos adquirir mayor autonomía emocional?

  • Ratos de soledad elegida: elegir ratos y tareas donde tu cuerpo se exponga a estar sólo
    consigo mismo.
  • Atravesar el vacío: tocar el dolor de no ser, para que el cuerpo pida ser y desde ahí vaya
    siendo.
  • Elegir presencias validadoras a tu lado: notar y elegir quienes te acompañan en tu día a
    día, pasar más tiempo con aquellas personas que toleren tus diferentes estados/decisiones/apetencias.
  • Exponerse a nuevos retos atravesando los miedos y dejando que la experiencia de ser autónoma pueda ir calando en el cuerpo: nuevas lluvias traerán nuevos lenguajes internos y una confianza del “sí puedo” surgirá de ver que el no hacer por ti misma era más consecuencia de lo escuchado que de lo posible. Rodearte de personas a las que le guste sentirte libre, autónoma, proponiéndote o logrando objetivos propios.

No es fácil el camino. Reconocer que hemos nacido en un entorno que nos hace útiles para el
otro y menos invitadas a preguntarnos hacia nosotras mismas es un buen paso. Canalizar esa
rabia hacia un entorno incapacitante hacia nuevos retos de sentirte y alegrarte contigo misma,
puede ser otro paso. Acompañarte de quién te permita el vacío del tránsito y las caídas sin
adjetivos peyorativos puede ser otro paso más.

Educadas para facilitar, acompañar, o directamente observar. Nuestro cuerpo disfruta ahí,
siendo, pero hay instantes donde duele el corsé y el moldeado. Cuánto pesa el miedo a confiar,
el dolor de la rabia no expresada por quien me hizo dependiente, la vergüenza de hacer por mí
misma cuando no estoy habituada.

Consecuencias de la autonomía emocional

Qué bello el tránsito, ese atravesar miedos y romper corazas.

Te mereces ser en ti. Te mereces sentir lo que deseas/necesitas. Te mereces sentirte capaz. Te
mereces dibujar tu propio lienzo.

Es genial compartir y observar a las otras personas s e incluso pintar juntas en ciertos momentos. No obstante, tus pinturas y tu pincel son vitales para que tu creatividad, libertad y dignidad sigan
siendo cultivadas. Tu cuerpo y tu entorno recíproco lo agradecerá.

Psicoterapia como herramienta

No siempre es fácil, la psicoterapia en este sentido resulta un lugar amable para nombrar el
vacío e ir notando qué colores habitan dentro de ti, qué pasos has dado, y elegir aquellos que
quieres seguir dando: eligiendo compañías, eligiendo proyectos propios o compartidos, donde
tu cuerpo y tú seáis los que estéis al mando de vuestro viaje.

Cuánto duele la dependencia y qué difícil a veces identificarla/reconocerla pero qué bello y justo
es el camino de sentirse de nuevo a una misma y desde ahí elegir qué tipos de dependencia
alimentar y cuáles ir reduciendo. Hagamos frente a inercias/educaciones/presiones externas que
muchas veces aprietan, pero recuerda que no ahogan.

Esperamos que te haya sido útil para entender los procesos de dependencia y autonomía emocional

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